LA REVOLUCIÓN MEXICANA: de la revolución al mito, del mito a la identidad nacional

La revolución mexicana, a diferencia de las grandes revoluciones de la era moderna, ha sido analizada y cuestionada constantemente ante la premisa de si responde a un plan político o ideológico. Sabemos que la Revolución Francesa fue el punto máximo de un proceso gradual de cansancio por parte de un pueblo ahogado en pobreza, por una lado, pero también fue el deseo por un nuevo orden, producto de la influencia de la Ilustración y del triunfo percibido desde la Revolución Gloriosa, ocurrida en Inglaterra en 1688 y la Revolución Norteamericana de 1776, cuyos ideales se basaban en las ideas liberales desde Hobbes y Locke. Los pensadores franceses le habían dado por años un cuerpo de base al “nuevo orden” o a las características que éste debía poseer, pero sobretodo las razones por las cuales el ancient regime resultaba ya caduco. En el siglo XX, por otro lado, los ideales socialistas, inspirados por Marx y Engels y sus teorías sobre la historia entendida como la “historia de la lucha de clases” van a dar lugar a nuevos Estados y formas de gobierno en todas partes del mundo. Y de alguna manera, cuando hablamos de revolución, tenemos presente estas ideas: aquéllas revoluciones que dieron paso a la Era Moderna europea: paso definitorio del antiguo régimen a la política moderna caracterizada por las repúblicas democráticas o, por otro lado, las revoluciones socialistas o comunistas, que buscan la “igualdad” por medio de la lucha.

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