ESTOS CUERPOS

Tocar y ser tocada por esos cuerpos.

Conformación de enredos

en forma de hospedaje,

de espacio para el encuentro,

de obstinaciones que al unísono

y en polifonía desaten algo.

Algo no dicho, acaso, o no mostrado.

Aquello que se quedó guardado

–atrapado­– en una temporalidad forzada,

condenado a la inadecuación,

al anacronismo.

Pieza de museo, colección privada.

Tiempo fuera de tiempo.

Lo que pertenece al silencio,

lo condenado al ocultamiento,

ya no como defensa,

sin posibilidad de aligerarse.

Este cuerpo que estoy siendo

es todos esos cuerpos.

Porque hablar de otros

es hablar de una misma,

porque una misma está ya siempre atada

a experiencias compartidas,

si bien nunca iguales,

reconfigurándose.

Esos cuerpos rotos son este cuerpo,

esas partes separadas,

el proceso de desmembramiento,

el arranque violento y repentino,

la pérdida seguida por la renuncia

inesquivable,

la imposibilidad.

La fibra del papel, el origen del pigmento.

Todos los cuerpos, materiales y simbólicos,

símbolos hechos materia, materia hecha símbolo,

capturados en la sacralidad.

Todas las adolescentes que fui,

las mujeres jóvenes que me habitaron.

Quirófanos, habitaciones de hospital

sin hospitalidad, salas inhóspitas,

mesas preparadas para la autopsia,

las morgues en las que me / nos buscaron.

El escudriñamiento,

la esquematización hecha monumento.

Este cuerpo es todos esos cuerpos anónimos,

todas sus muertes.

Invasiones, apropiación, explotación,

golpes, cortes, insultos.

Las veces que me apretó del cuello,

me arrastró frente a un espejo

y me obligó a verme,

mientras el rostro se me hinchaba

y cubría de puntos rojos como explosiones.

Nos arrastraron, nos obligaron.

Este cuerpo que estoy siendo

también habita en esos pies de foto,

es parte de un continuo

custodiado por la linealidad.

Siglos de maternidades forzadas

y negadas desde corta edad.

Negligencia justificada en el androcentrismo.

La humillación de desnudarme

en aquella clínica,

la dolorosa intervención sin anestesia,

salir caminando con una toalla entre las piernas,

la nausea.

La vez que me golpeó el vientre

con tanta fuerza

que no dejó ninguna alternativa.

También renuncié mil veces.

En la desesperación también,

como esos cuerpos utilizados

para el estudio anatómico,

me lancé de un puente, me ahogué

y me abandoné,

morí de hambre,

en una calle cualquiera.

Fui vaciada,

mis hijos fueron trozos de carne,

desperdigados,

sin nombre y sin condena.

El vacío, como espacio que ha quedado,

se percibe físicamente,

las entrañas se sienten flojas,

como si colgaran en un espacio

más amplio que de costumbre.

Algo jala desde dentro,

se instala la memoria física

de que algo ha sido arrancado.

La sangre, los restos, los instrumentos

que penetran el cuerpo,

lo arrancan y lo rompen

dejan su registro.

Irresponsables arreglos sociotécnicos.

Este cuerpo también yace

con tantos otros cuerpos

en territorios hechos cementerio.

Raíces, gusanos,

hongos que practican las artes de la resucitación.

Múltiples formas de existencia desatadas,

sin tiempo-ahora,

palabras ocultas,

en alguna página de cuaderno,

alguna cicatriz, alguna marca

en alguna pared en alguna parte,

en otros cuerpos.

Existencias transformadas.

Reconfiguraciones problemáticas.

Hilo, hilar, filo.

Efecto de hacer cortes.

Re-atar, re-habitar, re-conectar.

Memoriar es relacionarse –enredarse–,

poner distintos espacio-tiempos en relación.

Lo memorable es lo que sigue vigente

o se actualiza en el futuro,

el tiempo que no le pertenece.

El memorando busca que algo

no se disuelva en el paso del tiempo

y quede enterrado en un pasado reciente,

el memorial guarda registros de tiempos remotos.

Se trataría mas bien de re-membrar, volver a unir cuerpos.

El tiempo está ya siempre hechizado,

invadido por ausencias.

Borradura de borradura.

Historias intra-actuando,

ensambladas.

No una coherencia forzada,

ninguna coherencia.

Discontinuidad.

El vacío como cacofonía sonora,

indeterminancia expansiva.

Ser vastedad ya siempre tejida,

alteridades internalizadas.


Imagen: Fragmento de collage de la serie Ser Cuerpo, Luisa González-Reiche, 2020 – 2021.

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