PENSAR EL CREAR, CREAR EL PENSAR: explorar y perderse

La creación puede ser vista como un proceso de indagación. Sin guiarse por ese vértigo identitario que define nuestro tiempo, inevitablemente parte de una reflexión del sí, para luego pasar a la construcción colectiva. La creación está motivada por la imaginación, y es el lenguaje metafórico el que nos permite desvelar realidades muchas veces innombrables. Lo anterior resulta relevante hoy, que estamos atravesados por un horizonte que determina lenguajes únicos por medio de los cuales nombrarnos y comprender lo que nos rodea. No ha sido siempre así. En otras épocas y latitudes, la ciencia y la filosofía no estaban separadas o la magia y la poesía no pertenecían a una dimensión ajena a la cotidiana. Si bien es cierto que contamos con métodos efectivos para la construcción de conocimientos, esos métodos también han demostrado ser, en muchos casos, insuficientes. Es más: acaban por ostracizar otras formas del pensar y del sentir [1].

Una vez establecida la norma oficial del pensar por excelencia humano, es posible catalogar el no pensar y lo no humano. Las consecuencias son siempre nefastas. Es allí, en ese espacio marginal, donde habitan las emociones y las experiencias más radicalmente distintas y únicas: un espacio de subalteridad donde acabamos confinadas las mujeres. Como lo indicó Alejandra Solórzano en el XII Congreso Internacional de Filosofía, «las mujeres han habitado siempre el espacio del no ser». Haciendo referencia al pensamiento de la filósofa María Zambrano, agregó que el valor de este radica en el hecho de que se reconoce a sí mismo desde la alteridad. La imagen simbólica que la filósofa utilizaba era la única capaz de nombrar el dolor, el delirio o el terror. Y es que el dolor radica fuera de lo racionalizable. Quizá esta sea la razón por la cual la experiencia de los que sufren, «los que faltan», tiende a quedar fuera del imaginario colectivo y de los sistemas formales de la construcción del saber. En el mismo panel de discusión, Nancy Martínez agregó que para las mujeres ser significa ser en falta, algo que por medio de la pasividad y la culpa ha sido reforzado.

Desde esta perspectiva, la práctica creadora desde los márgenes adquiere un valor particular y es el espacio idóneo desde el cual iniciar la indagación. Es una alternativa disponible para escapar del poder y nombrar nuestras experiencias. En su trabajo, María Jacinta Xon se refiere a la cocina como un espacio de resistencia en el que se crea una «ciencia de las mujeres». Esto nos lleva a sumergirnos en una riqueza simbólica sin límites partiendo, en muchos casos, de entender nuestro propio cuerpo como símbolo de resistencia. Hablamos desde la precariedad, pues «¿quién puede hablar del terror sino las víctimas?» [2].

Las mujeres pronto comprendemos que escribir la propia historia implica escribir la historia de muchas otras. Sabemos que emprender ese viaje hacia el pasado no significa caminar en línea recta ni solo hacia atrás. Es más bien lo que Agamben llama una «arqueología del presente». En las palabras de Benjamin, «aquello en lo cual lo que ha sido se une como un relámpago con el ahora en una constelación». No tiene que ver con esa noción de la historia como una maraña de hilo que debe ser extendida para entenderse. La metáfora nos abre un portal inter-dimensional: la «razón poética» de Zambrano, donde el pensamiento parte de la imaginación creadora y a través de esta. Como lo planteara la filósofa, hacer presente el pasado quiere decir hacer visible lo que hasta ahora era invisible. Revivimos a otras mujeres al nombrarlas. Es la imagen simbólica la que nos permite interpretar la realidad, y la metáfora es el recordatorio de que existen otras formas de relacionarnos con el mundo, como el mito. «Es propiamente eso que no puede decirse lo que debe escribirse». El acto de escribir es un acto simbólico que no divide el pensamiento del cuerpo. Gramsci escribió que la educación debía ser, más que el proceso de insertar nociones dentro de los estudiantes, la cultivación de una relación poética. Una vez ahí se hace necesario abrazar la incertidumbre, seguir explorando y perderse.


[1] Esta división es problemática porque está demostrado que, a nivel cognitivo, el pensar nunca está separado del sentir o viceversa. No es lo mismo aquí, por otro lado, racionalizar que pensar.

[2] Solórzano Castillo, Alejandra (17 de octubre de 2019). «Antígona: razón poética y resistencia. Alteridades escriturales sobre el ontos femenino de María Zambrano». Teoría Crítica, Decolonialidad y Feminismos II (panel), XII Congreso Internacional de Filosofía de la Universidad Rafael Landívar «Pensar América Latina: Fenomenología, Teoría Crítica y Descolonialidad. Intersecciones y Debates».


Publicado en Plaza Pública.

Octubre, 2019.

Imagen: Frank Schwere Ballroom (Lee Plaza Hotel, 2240 West Grand Blvd), Detroit, MI, 2009

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