ROTTERDAM (dans le port)

Cuando uno llega a Rotterdam en tren, parece haberse transportado en el tiempo. Tras kilómetros de campos verdes y pequeñas granjas de los pueblos aledaños, al salir de la estación, uno se topa con una multitud de grúas, tractores, conos y detrás de éstos torres enormes de espejos con pantallas en sus laterales, esculturas monumentales y enormes plazas. La ciudad está poblada por una enorme diversidad cultural, dándole una riqueza, sabor y colorido extraordinario. Uno tiende a pensar en los Países Bajos como ciudades frías y silenciosas; éste no es el caso de Rotterdam, cuya historia es palpable en todas sus calles. Esta Venecia del futuro es una de las ciudades de arquitectura por excelencia y la manera como ha llegado a serlo es inspiradora.

Rotterdam comenzó como un asentamiento en ambos lados de la Rotte, un afluente del río Nieuwe Maas. Ganó los derechos de ciudad en 1340, desenvolviéndose a partir de la tradición del comercio por siglos. A partir del siglo XVII empezó a posicionarse como un puerto de importancia. Así, el comercio, la pesca y la navegación se convirtieron en los elementos económicos fundamentales. La ciudad se convirtió en el hogar de unos 30.000 habitantes. Actualmente su mercado en la plaza de la biblioteca central, ofrece los más suculentos pescados, mostrando el orgullo de una tradición aún presente.

Con el siempre presente “síndrome de la segunda ciudad” (pues Amsterdam ya era un puerto enorme), Rotterdam comenzó a desarrollarse. En la segunda mitad del siglo XIX, la expansión del puerto se convirtió en la máxima prioridad de la ciudad, lo que la llevó a convertirse en el vínculo esencial entre Alemania y el mar, y por lo tanto una puerta de entrada a Europa. La población se multiplicó y la ciudad creció de 153,000 habitantes en 1880 a unos 425,000 habitantes en 1910.

Sin embargo, el 14 de mayo de 1940, la Luftwaffe alemana voló sobre la ciudad y diez minutos bastaron para bombardear y destruir la ciudad casi por completo. Una ciudad que empezaba a florecer como nunca se vio reducida a nada. Actualmente sólo quedan algunas muestras de esa Rotterdam del siglo XIX. A pesar de todo, sólo unas semanas después del bombardeo, los planes para la reconstrucción de la ciudad estaban listos. Era obvio que sus ciudadanos no se dejarían vencer y con una actitud de completa renovación, Rotterdam volvía a levantarse. El pensamiento modernista tendría una gran influencia y su puerto se fue modernizando, expandiéndose hacia el oeste y abriéndose a la industria petroquímica. Ya para los años 60, el puerto de Rotterdam se había convertido en el mayor puerto del mundo.

A principios de los años 70, sin embargo, se tuvo que detener la expansión, la falta de espacio y cada vez más quejas acerca de la contaminación del medio ambiente fueron los principales motivos. En su lugar, el consejo de la ciudad puso su energía en el embellecimiento de la misma con una arquitectura moderna (“Manhattan”, la pequeña isla en el Maas), las nuevas zonas de recreo (como el Oude Haven) y la construcción de viviendas en el centro de la ciudad.

Cuando uno camina por Rotterdam se siente en un país civilizado. O lo que uno entiende por lo que debe ser un país civilizado. Donde la gente se mueve en bicicleta, toma una siesta en sus bellísimos parques y disfruta de los más extraordinarios museos, rodeados de jardines y fuentes del Museumpark.

Con el paso de los años Rotterdam se ha convertido, así, en una “ciudad cultural” por excelencia, siendo una ciudad muy dinámica, donde la gente no parece nunca detenerse a descansar; en constante crecimiento. Aquellos edificios modernistas, han sido en gran parte demolidos para dar lugar a nuevos proyectos, cada vez más ambiciosos. Algunos se han quedado en ruinas convirtiéndose en el “canvas” perfecto para obras de arte urbano.

Siendo una ciudad joven e internacional, Rotterdam continúa evolucionando y reinventándose constantemente. Basta con mirar un poco alrededor para notarlo. Hay rascacielos con andamios, calles cerradas por construcción, grúas y tractores por doquier. La Estación Central está siendo transformada en una terminal híper moderna. A través del río Maas, el puente Erasmus lleva al Kop van Zuid, donde el nuevo ícono de Rotterdam se está levantando: la Maastoren, con una altura de 165 metros, que se convertirá en el edificio más alto de los Países Bajos. El resto de la arquitectura de esta pequeña isla, “Manhattan”, es impresionante. Lo primero que uno se encuentra al cruzar el puente es el imponente Teatro Luxor, diseñado por Bolles y Wilson.

Los clásicos ejemplos del urbanismo moderno llaman la atención en Rotterdam. Las famosas Casas Cubo, el San Laurenskerk y la Casa Blanca, el primer rascacielos de Europa, son sólo algunos ejemplos. La herencia industrial, cultural y urbanística de Rotterdam es enorme. Viejas bodegas y fábricas han sido transformadas para nuevos usos, dándole a la arquitectura original un sentido contemporáneo.

Rotterdam es una de ésas ciudades en las que uno quisiera instalarse; tomar parte de ése pensamiento de desarrollo permanente y civilización. Un tránsito sistematizado remite a la realidad del día; la dinámica de los ciudadanos de Rotterdam es inquieta, constante.


Luisa González-Reiche

Publicado en Revista RARA

Agosto 2010

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s