LOS NIÑOS AMIGOS DE LA MARIMBA DE SAN PEDRO CARCHÁ: Bailar no significa solamente saberse mover

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Temblor coloreado de atmósfera y tierra en que danzan montes, ceibas, caseríos y quedan huellas de pies, en los cactos, huellas de las tunas en el baile verde, huellas vegetales del gran cataclismo que dejó las cosas vestidas de espejo, como se vistieron cuando se creó el mundo, como se vistieron cuando se creó el son…

Cuando Andrea baila parece entender la música de la marimba como Miguel Angel Asturias la describiera; es sentirla a través de sus distintos ritmos y sumergirse a través de ella en un mundo mágico en el que todo a su alrededor también baila, cosa que comparte con sus mejores amigos: un grupo de 26 niños de entre 5 y 13 años con los que en los últimos dos años ha recorrido el país entero, presentándose en numerosos teatros y eventos especiales. Lleva relativamente poco tiempo dedicándose al baile, además de sus estudios, que según dice, son muy importantes. Andrea ve la música que baila de manera especial, al igual que sus compañeras de la misma edad, Shagty de 5 e Ivana de 7 años; cuentan risueñas y entusiasmadas anécdotas de sus “giras” y no dudan un segundo en responder cuál es su pieza predilecta: “Quetzalito”. Sin embargo Wendolee, la más pequeña de todas agrega en silencio: “a mí me gusta Tristezas Quetzaltecas, por la elegancia de la canción…” Al continuar con nuestra charla se hace evidente que los niños no sólo reconocen los ritmos de Paso Doble, 6 x 8, el Foxtrot, el Vals y el Son, sino que además los sienten y los comprenden.

Cuando Irma Ruiz de Ramírez y Sandra de Fuentes iniciaron este proyecto, hace doce años, nunca imaginaron que formaría en la danza y el amor a la Marimba a 6 generaciones de niños y que tendrían una agenda de presentaciones tan ocupada. Ahora no hay departamento que no hayan visitado –han sido parte primordial del reconocido programa Ensamble Nacional de Fabumarimbas y Tardes Chapinas, de la emisora Fabuestereo– y su energía parece acrecentarse con cada nueva experiencia. Fue a partir de una serie de concursos de baile organizados por Doña Irma, incentivada por su deseo de que las nuevas generaciones dejaran de despreciar la Marimba, que San Pedro Carchá, a 30 minutos de Cobán Alta Verapaz, se convirtiera hoy en la inspiración para otras comunidades, en donde han surgido nuevos grupos de danza de Marimba conformados por niños y jóvenes.

Organizar al grupo y coordinar sus actividades es un trabajo casi de tiempo completo. Esto a pesar de que para ninguna de sus dos encargadas representa una fuente de ingresos económicos, de hecho ambas trabajan en ello ad honorem. Así, viajan con los niños, les llevan la comida preparada, gestionan las giras y las visitas especiales –pues no desaprovechan una piscina, un museo o una aventura en la naturaleza en ninguno de sus viajes, aunque tengan que gastar un poco más o convencer a alguien de que los deje entrar de cortesía–. Los grandes ayudan a cuidar a los chiquitos y todos son responsables a la vez de sí mismos y de todo el grupo.

Además de enseñarles los ritmos y los pasos a los niños, Irma y Sandra les han transmitido mucho más: como uno de ellos indica, le han enseñado “hasta a poner la mesa”. Esto sumado al aprendizaje de respeto y valoración no sólo por la Marimba, la música y el arte nacional sino por sus compañeros de grupo. Cuando me siento a la mesa con ellos su cortesía y amabilidad no deja de sorprenderme y la riqueza de sus palabras y forma de expresarse parece de pronto no cazar con su edad.

Y es que la danza no sólo significa saberse mover. A través de ésta estos niños han desarrollado su inteligencia emocional, su capacidad de escuchar con atención (en todo sentido), a ser empáticos y sobretodo la capacidad de articular el cambio –de motivar a otros–. Es así como recientemente consiguieron que la empresa NIVEA los eligiera  para conmemorar sus 100 años, preparando una presentación especial el próximo 10 de diciembre a las 11 de la mañana en La Plaza de la Constitución. Además, en alianza con Plan Internacional, la empresa estará colaborando el próximo año con 40 escuelas de nivel primario en las comunidades de Alta Verapaz, facilitando una educación de mejor calidad a más de cuatro mil ochocientos niños y niñas, haciendo énfasis en la calidad educativa a través de metodologías innovadoras, mejora del ambiente físico escolar e involucrando y comprometiendo a la comunidad; algo que Irma de Ruiz y Sandra de Fuentes ya han logrado en gran parte a partir del interés y compromiso de los padres de familia del grupo de danza, algunos de muy escasos recursos.

En Carchá, cuando empieza a sonar la Marimba en las fiestas nadie se queda sentado y son los mismos niños los que llegan a la casa de Doña Irma a pedirle integrarse al grupo. Es allí donde ensayan una vez por semana y donde se arman las presentaciones. Cada vez que se integra una nueva pareja, inmediatamente pasa a formar parte del conjunto; aquí no hay aprendices y profesionales por aparte. No importa tampoco si algunos no tienen siquiera zapatos para bailar: “siempre nos las arreglamos y los conseguimos”, dice Doña Sandra. De la misma manera “se las arreglaron” para diseñarles y mandarles a hacer sus exclusivos trajes. Corte y huipil únicos, inspirados en los bordados de todas las regiones, representando nuestra riqueza multicultural.

Los Niños Amigos de la Marimba de San Pedro Carchá han encontrado su esencia en la danza y sobretodo en la Marimba, entendiendo que es importante retomar nuestra cultura y sus valores y que esto puede ser una herramienta para mejorar a nuestra comunidad. Ellos bailan con la convicción de que pueden hacerlo –y son consientes de todo lo que han logrado–. Saben que las artes siempre nos llaman a unirnos y que nos invitan a vernos con generosidad y curiosidad, así como con admiración. Lupita agrega: “hay que bailar bien aunque sea con tenis” y sus compañeras se ríen a coro recordando un episodio en el que una de ellas olvidó las sandalias. De la misma manera Víctor y Giovanni, de 8 años aproximadamente, aseguran que para bailar son necesarios: la emoción, la energía, el sentimiento… y los zapatos. Diego lleva 8 años bailando y, aunque tiene sólo 11, sabe que aún le queda mucho por aprender. Cuando van de vuelta del viaje siempre hacen una autoevaluación de sus presentaciones y discuten qué pueden mejorar. Esto les brinda una visión diferente de su propio trabajo en el que el aprendizaje es colectivo a la vez que personalizado.

En su libro El Elemento, Ken Robinson dice que “cuando nos conectamos con nuestra propia energía estamos más abiertos a la energía de otras personas. Cuando más vivos nos sentimos, más podremos contribuir a la vida de otros”. Ver bailar a este conjunto provoca distintas sensaciones y es inevitable sumergirse en sus movimientos y ponerse a pensar que todas las posibilidades son factibles. Sus pasos son precisos y la seriedad con que asume cada uno su papel es de admirar. Estos niños no están aprendiendo para llegar a ser alguien; ya lo son. Dan ganas de quedarse a mirarlos y al mismo tiempo salir corriendo y contarle a todo el mundo acerca de esta especie de milagro… Es como si las artes buscaran resurgir en una época y un lugar en la que el ajetreo del día a día nos ha separado cada vez más de la conciencia social. Iniciativas como ésta son las que nos recuerdan la capacidad enorme que tiene la cultura para darle forma a nuestro carácter individual y nacional, sobretodo al de los jóvenes; esto lo logra en gran parte porque su lenguaje es universal. Don Angel Figueroa, conductor del programa Tardes Chapinas y los conciertos de Fabumarimbas recalca además la calidad técnica del baile de estos niños. Para alguien que ha dedicado su vida a la difusión de nuestro instrumento nacional, apoyarlos resulta una acción esencial para enriquecer nuestra cultura: la nuestra, la verdadera. “El amor por la música de Guatemala y por la Marimba que profesan estos niños es admirable” agrega. A través del arte nos sentimos vivos de verdad y la Marimba tiene también esa magia. Esa vida se lee en los ojos de cada uno de los Niños Amigos de la Marimba de San Pedro Carchá. Al despedirme de ellos todos ríen entusiasmados: se quedaron con mil historias que contarme pero nos despedimos como quienes saben que pronto volverán a encontrarse.

Luisa González-Reiche

Publicado en Magacín 21

diciembre 2011

*Fotografía: Andrés Vargas/ Siglo 21

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