TOSCANA

había un bosque profundo.

hojas, ramas en el suelo.

piedras diminutas, viento, el sonido del mar; brisa.

 

las montañas de blancas parecían nevadas -todo estaba tranquilo-.

en la grama del jardín se posaban innumerables insectos y pájaros.

la casa era fría.

las ventanas se empañaban… me sentía feliz

-a pesar de la enfermedad era feliz-.

me gustaba ese silencio, esa simplicidad.

me gustaba el yogurt con miel y trozos de banano por las mañanas,

bajo el sol frío.

me gustaba el aroma de los toscanos.

la chimenea, el crujir de la leña,

el fuego y sus lentos movimientos.

las lecturas interminables.

los juegos de ajedrez.

y el tren… los largos viajes en tren.

los arbustos hechos pinceladas detrás de las ventanas

-el movimiento-.

el murmullo de la gente, el tronar de los rieles.

vos te quejabas.

las conversaciones de los otros pasajeros te agobiaban.

yo procuraba distraerme con el paisaje, con un libro, con mi cuaderno.

a veces te leía fragmentos. no me escuchabas -no te interesaba-.

yo dormía -me hacía la dormida-.

y la playa.

el atardecer rojo y amarillo brillando en nuestros rostros, reflejándose, tiñendo nuestra piel.

vos hacías fotos. yo leía. te hacía muecas. hacías más fotos.

en la bicicleta, el viento helaba las orejas.

el pavimento se volvía borroso.

el viento nos empujaba…

por momentos sí, fui feliz.

 

 


2008 IMAGEN: Nederveen

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