OTRO ESPACIO

A veces te pienso en otro espacio. En un tiempo inexistente, no en el pasado, ni en un posible futuro, sino simplemente allí, callado y sereno.

A veces te veo la sonrisa, esa sonrisa que contrastaba con tus ojos tristes. A veces me da un poco de nostalgia pensarte, otras veces todavía me sonrío al hacerlo. Ha habido momentos en los que he pensado que me gustaría haber estado allí… Aparecés y desaparecés.

Ahora apareciste y querés quedarte. Otras veces te has quedado adentro, esta vez sólo estás detrás de tu teléfono. Me gusta saberte bien, pero no quiero saberte todo el tiempo. No quiero preocuparme por vos, buscar encuentros casuales, ni esperar el siguiente mensaje…

El destino nos hizo mil jugadas. Pero no tengo ninguna queja con el destino, al contrario. A veces, al final del día, cuando estaba sola y pensativa te recordaba, me preguntaba a mí misma dónde estabas, cómo estabas. Sé que muchas veces los dos nos pensábamos al mismo tiempo, pero ese pensamiento se perdía en el viento, en la noche, en el infinito, sin enterarnos. Ahora es tarde. Ahora han pasado tantas cosas. Yo soy otra y vos sos otro. Somos casi un par de desconocidos. Te me aparecés en los sueños como una cara familiar, pero la mayoría de veces me da un poco de rabia volverte a soñar. 

Si te hablo me siento en otro espacio, en otro tiempo. Pero ese espacio y ese tiempo no pertenecen a nada. Me son totalmente ajenos. Sé que me quisiste y eso me hace sentir bien. Yo también te quise. Hoy eso no nos sirve de nada, lo que hayamos hecho, hablado o visto juntos ya no significa nada. Todo está guardado en el archivo de la memoria. No lo desempolvémos…

Yo no puedo ni quiero sonreírme o ruborizarme al oír tu voz, no puedo caminar por la calle preguntándome si voy a encontrarte, no puedo llamarte cada vez que estoy sola, no quiero hacerlo. 

Hay mil canciones escritas por nosotros, pero hay mil nosotros. Es un poco tarde para sentarnos a escucharlas de nuevo, yo qué sé… No hay nada que yo pueda darte.

Te pienso con nostalgia, te pienso con una sonrisa, te pienso con un poco de rabia. El silencio te trae de vuelta, la soledad te invoca. Me da tanto gusto hablar contigo y tanto miedo. Me alegra tanto oírte y al mismo tiempo me enoja el no ser lo suficientemente fuerte para ignorar tus mensajes, para no llamarte de vuelta.

No tengo más explicaciones. No creo deberte ninguna. Hice mil cosas que no debí haber hecho, de qué sirve pensarlas. Estaba convencida de que no me querías.


2006

Imagen: Richard Mosse

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