NUEVO

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te hace pensar, al menos por un rato, que nada más importa.

te da la impresión de que no ha existido ni va existir otra cosa.

y te ponés contento.

todo es tan frágil, a pesar de que te sentís tan fuerte.

la música que suena de fondo sólo querés compartirla con una persona, se queda grabada permanentemente en tu cabeza.

y entonces no importa si no la estás compartiendo, pues la estás disfrutando, y es sólo tuya, y nadie va a quitártela.

la gente llega y se va. mientras está es delicioso pensar que no habrá después nada más, o convencerse de que va a durar para siempre (pero Para Siempre no existe).

Aún así se siente bien. tenés acordeoncitos adentro, sonando mágicamente y tus pensamientos parecen hechizos que se disuelven en tu boca en forma de imágenes.

los pasos los sentís blandos, o mas bien el suelo, y te gusta más cerrar los ojos, acariciar con los dedos las paredes, las rejas, las ramas de los arbustos, mientras pasás.

te parece delicioso el viento que te pega en la cara al cruzar esa esquina, te reís contigo de tus pensamientos, y te sentís irreal.

andás por las calles sintiendo que nadie te ve, y entonces podés reírte con ganas de tus ideas, jugar a no pisar las líneas, pegar repentinas carreras en determinadas cuadras, entrar a las tiendas a verte al espejo para hacerte muecas.

te olvidás, te olvidás que ya antes habías amado, que ya te habías sentido de esa manera y mil maneras más, no te acordás en absoluto de otros olores ni sabores, se te borra de la piel la textura de pieles anteriores y su temperatura.

tu cuerpo se amolda. todo es nuevo. aunque a veces insistamos en girar en círculos sobre nuestro tiempo, lo nuevo nos hace bien.

hace tan bien, mejor aún, como una ducha tibia, como una tarde completa en la tina, sumergiéndote, abriendo los ojos debajo del agua. haciendo sonido con la boca y sacando burbujas.

el agua se resbala en el cuerpo y te da la impresion de que te está acariciando, y la cara se te hace sonrisa y estás, de pronto, llorando, y no sabés por qué estás llorando. pero te gusta, lo disfrutás.

se siente bien pues no te acordás que ya habías llorado antes, por otras razones, por razones, simplemente.

las lágrimas que se te escurren por la sonrisa son nuevas, completamente nuevas y ajenas a aquellas con las que mojabas el cuaderno en el que le escribías cartas desesperadas.

ya no existen, pues ya no te acordás en verdad de cómo era. aunque a ratos te preguntés suspirando dónde está o qué está haciendo. Aunque te lo imaginés caminando por tus mismas calles y te den ganas de acompañarlo.


2005

Imagen: Gustav Metzger

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