JE M’ENNUIE DE TOI

alex maclean 5

Tengo el alma como tusa vieja. Y si no me alejo peor. Tarde. Noche. Azul violeta. La calle está mojada, no tan mojada, un poco húmeda. Me enoja pensarlo. Saber que no soy la única.

Aire rápido. Helado. Las pinturas todas tan raspadas. Da pena verlas, pena haber permitido que llegaran a ese penoso estado. La cortina se mueve. Nada pasa. Nada extraordinario. Las paredes nunca habían estado tan grandes y calladas. Se siente como si nadie más conoce algo parecido, como si nadie podría descubrirlo. Soy un susurro en el viento. Una chispa en medio del fuego. Da miedo el conocimiento. Angustia la convicción. El reflejo está quieto. El verano parece invierno eterno. Esto no está pasando. La boca cerrada, los ojos cerrados, los oídos ausentes. Es sólo que hoy no quiero levantarme, sólo que no quiero saber nada nuevo, nada distinto, nada más. Bebé se quedó dormido antes de anochecer. Para mí dormir no funciona; descansar para qué, de qué… Quién soy. Qué es lo que verdaderamente soy, para quién soy. Su sueño no se siente, su respiración parece no escucharse. Despertará más tarde. Quizá más tarde. De todas maneras estoy cansada ahora, no me acercaré. Fue un buen cuadro, una obra de arte, una renovación. Qué fácil se le fue cayendo la pintura. Él sueña. Sé que sueña porque parece hacer gestos mientras duerme, quizá un asunto hegeliano que no lo abandona. Qué fácil se me cayó de las manos y del rostro la pintura. Bebé suele sonreír cuando llueve. Le pido que no deje de hacerlo pero como que no me entiende. No me entiende. Es hasta agradable pensar en ser la única. La primera y la última. Ser incomprensible, inconmensurable, inconmovible. Su llanto no parece llanto. Parece que ríe, que grita de felicidad, que no sabe nada de llanto, que no lo conoce. Las lágrimas no parecen serlo tampoco, parece llovizna, no, más bien brisa. Abre los ojos. La cuna tiembla. La alfombra toda tiembla, se hace agua, río. Se mece a sí mismo con su llanto, con sus movimientos. Abro la caja de música. Un pequeño paso hacia delante, una mirada. Deja de llorar. Y todo se detiene. Piel suave. Manos diminutas… Tengo los ojos abiertos y me duelen. Me acaricio el rostro con las puntas de los dedos. Todo desaparece. Los sonidos se han hecho nada y las imágenes también. Bebé no tiene dientes todavía pero parece que canta y se expresa perfectamente. Y me voy. De las escaleras a la sala, de la sala a la cocina, de la cocina al balcón y del balcón al lado de la cuna. Bebé está allí pero todavía lo siento adentro algunas veces. La noche está más oscura. Me mira, extiende los brazos; lo saco de la cuna. Lo acerco más y más a mí, lo estrecho entre mis brazos contra mi pecho. Las sábanas están frías. La almohada dura. Lo abrazo más. Lo arrullo. Vuelve a dormirse. Más tarde me duermo yo también. La noche está llena de sueños, de todo tipo de sueños, de imágenes absurdas y brillantes. Despierto. Lo miro. Sería tan bello… Bebé es de plástico. No despierta. Y pensar que no sólo soy yo. Que no fui la primera… la cueva es profunda y me he perdido. Pobre obra de arte, tan abandonada, tan perdida. Tan falta para siempre de subjetividad. Bueno… Ese era, quizá, su destino. Si acaso puede ser posible. Pobre bebé también. Tan frío. Tan duro. Tan inmóvil. La noche se pasa. El azul se torna rosa y luego amarillo. Las sábanas pesan. El viento se seca de improvisto.


2002

Imagen: Alex Maclean

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s