DE CUANDO ESTABA TRISTE

Berndnaut Smilde 1

Morirse de repente; de improviso, irremediablemente:

Morir entre calles y catedrales

Entre puentes y debajo de ellos. Atrás, adelante.

Morir con todo, dejando nada.

Entre la oscuridad alejarse, vestido de muerte,

Entre el frío, desnudo de miedo, con una sonrisa al frente.

Morirse uno renunciando a todo,

Largarse con unas flores entre los dedos

Y entre los pasos, enredados,

Unos cuantos poemas que gritan, o alguna vez gritaron.

La soledad inseparable también se deja,

También los besos, las lágrimas, el dolor

Y la desesperación por lo inalcanzado

Y por el temor a ya no alcanzarlo.

Morir paulatinamente, morir poco a poco.

Y volver, para morir finalmente.

Morirse mientras hay alegría alrededor, entre juegos,

Risas, en medio de cielos brillantes como luces.

Sobre las calles bañadas en recuerdos:

Bicicletas que me trajeron y llevaron de vuelta,

Canciones que aprendí y luego olvidé,

Carreteras interminables como sueños

Y perros callejeros con ojos tristes.

Morir, después de todo. Con la piel ya hecha jirones,

Con los huesos y los ojos rotos,

Arrastrando la vida,

Llevando sobre la espalda un improvisado lecho,

Una sábana para abrazar de vez en cuando,

O una almohada, es igual,

Y los pies descalzos para sentir la humedad subterránea

Con cierta delicadeza.

Morir por siglos,

Morir entre cada carcajada.

Tener la cara llena de muerte,

Tener las manos sujetadas por la muerte…

Morir de repente,

Renunciar a todo irreversiblemente.

Morir para siempre.

Morirse un día de esos

Que parecen prometer retornos,

Una mañana en la que el sol no parece sino mar

Y lo salpica todo con esperanza.

Morir en la noche, cuando las estrellas

Se dispersan por el universo

Y brillan más cada segundo que pasa.

Morir corriendo, sola,

Por valles gigantescos y coloridos.

Morir, simplemente.

Dejar el peso, el sueño, el hambre.

Dejar la literatura, dejar la saliva, el orgasmo,

Dejar el día y la noche, el amor y la libertad.

Abandonar el aire, traicionar, engañar al destino.

Morirse con sangre, morirse a secas.

De golpe, de dolor, de melancolía.

Morirse para la eternidad, inflexiblemente;

Infinitamente.

Morir como si se durmiese,

Dormir y no despertarse nunca,

O despertarse un día y ya no querer levantarse;

Olvidarse a sí mismo, dejarse,

Entregarse a la muerte sin ya nada que perder.

Sólo morir, solamente aceptarlo y relajarse.

Dejarse llevar. Irse.

Alejarse, caminar en dirección contraria,

Avanzar, perderse, perderlo todo…

¿Para qué diablos?


2001

Imagen: Berndnaut Smilde

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