UNA HOJA

BART MICHIELS 8

Estoy sentada frente a una nueva hoja en blanco

y no sé qué hacer con ella.

No sé si deba matarla de un solo golpe,

con un puñal o con una pistola gigantesca

que la haga desaparecer.

Quizás deba tomarla,

acariciarla, darle todo mi amor

cubrirla de ternura infantil.

Tal vez deba llenarla de recuerdos

o de lágrimas,

o de tinta azul un poco desordenadamente… no sé.

Me confunde su blancura cegadora,

me pone nerviosa la soledad con la que se presenta

y el instante en el que se atrevió a hacerlo.

Todo está afuera tranquilo ahora,

a mi alrededor también,

incluso dentro de mí…

pero la hoja no,

la hoja parece moverse desesperada,

parece estar incómoda, parece querer decirme algo.

Sin embargo se mantiene callada.

Me acerco a ella

y la sujeto entre mis dedos

antes de que pueda hacer nada para escaparse.

La miro fijamente, la sostengo justo delante de mis ojos

y la acerco de a poco a mi rostro.

La huelo; huele como a vos, sabe como a vos.

No sé qué hacer con ella.

Quizás lo más apropiado sea aniquilarla,

pero no sé por qué, no lo hago;

me hundo

miles de preguntas

se me vienen encima de improvisto.

Coloco la hoja cuidadosamente sobre la mesa.

La extiendo bien,

le deshago las pequeñas arrugas que se le habían formado

al contacto de mis dedos.

Parece verme amenazante.

Parece que espera a haga algo con ella,

a que la salve o a que la tire por la ventana.

Sin pensarlo más, tomo una pluma,

la lleno de insultos, la mancho toda.

Y enseguida me suelto a llorar encima

y todo se ensucia más, y se empieza a poner transparente.

En ese mismo momento siento tus brazos a mi alrededor

aplastándome,

siento tus manos tocándome todo el cuerpo

como que si intentaras arrancarme los brazos,

las piernas, los pechos.

También me mordés los labios y me los rompés…

Yo sigo llorando,

y grito, y me ahogo, toso,

me restriego la cara con fuerza.

Aún así no te vas.

La hoja está deshecha en el suelo y vos no te has ido,

tu olor se hizo aire y tu sabor está en mi sangre.

El suelo exhala tu presencia. —

Unas horas más tarde el viento empuja a la hoja,

que se escurre por debajo de la puerta…

Yo me quedo adentro llamándote

dejaste de tocarme,

no me abrazás más,

ya no me seguiste besando.

Busco otra hoja,

me cuesta hallar una entre tanta lágrima…

La coloco sobre la mesa.


2001

Imagen: BART MICHIELS

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