ESPEJOS

Eran como los fantasmas que rondan en las habitaciones y se esconden en los espejos; eran todo y no eran nada. Deseaban lo inasequible e inaudito, y estaban dispuestos a luchar como imbéciles, hasta los gritos, para conseguirlo. Lo demás, todo en decadencia. Lo negaban con espadas y escudos al frente, a punto de dejarse ir contra el que se atreviera a mencionarlo. Pero para qué, nadie se atrevía ni se atrevería a hacerlo.

La dicha había venido una vez pero se había llevado con ella todo, dejando sólo sombras negras, nada más. Caducaron los sueños y también los amaneceres –eso parecía. Iban para allá y para acá sin detenerse, pero lentamente. Bebían del río de lágrimas, envenenado, que producía recelo y temor hacia la nada.

 

Seguían siempre; infaliblemente. En silencio planeaban cómo hacer llorar a los pequeños que aún no habían podido hacer llorar, y se emborrachaban en la idea. Los escuché decir palabras ridículamente absurdas. Nada tenía sentido, pero hablaban en serio; lo escribieron y lo firmaron. Yo no sabía qué hacer, pensé entrar y decirles que no tenían idea de lo que hablaban pero no lo hice, me di la vuelta y me fui.

 

No. No volví esa noche ni tampoco días después a pesar de que no pensé en nada más que eso. Claro que los vi después; ellos salían a la calle y yo también; era inevitable encontrarlos. Pero entonces tampoco me les acerqué. Procuré ver hacia otro lado, uno de ellos me llamó e intentó acercarse a mí pero me alejé de allí. No volvió a llamarme, pensó que yo no lo había visto y no me busco después. Fue antes de aquellos días, perdidos en lo pasado. No los puedo hacer regresar por más que lo intento. Los cuerpos de lo etéreo eran insuperables y los sueños excelsos; aquélla época en que la música sonaba a música…

 

¿Que si ya sanó mi pierna? Bueno, un poco. Como habrá podido notar cuando entré, aún cojeo un poco. Pero el dolor ha ido cesando. Adelante con sus preguntas. No, todavía no me he cansado. aún no… Prefiero seguir contándole. ¿Dónde estaba? Ah, sí. Tiene razón…

 

Pues luego de que me alejé, no dejaba de seguirme una especie de remordimiento que me repetía que debí aclararles que debí intervenir en sus estúpidos planes. Sí. Me siguió como por una semana. ¿Cuándo? Exactamente quince días después de que los escuché. Es que después de aquella semana decidí no darles importancia e intenté hacerme la idea de que no habían hablado en serio. Claro que me arrepentí; cómo no, pero de qué servía, de nada. ¡De nada!…

 

Ya; ya me calmé. Gracias. Disculpe. Sí, quiero continuar. Sólo regáleme otro sorbo de agua. Bueno… Como le decía, fue quince días después, yo me había levantado tarde esa mañana así que salí de casa casi al medio día; como a las doce y media. Sí. Caminé un poco como siempre lo hacía; hasta ahora, o mas bien hasta aquel día. Cuando aún podía caminar bien. Yo también espero que mi pierna sane pronto; Si es que sana… Se está haciendo de noche. ¿Le parece si no juntamos mañana para terminar? Está bien, no se preocupe, puedo irme sola. No. Ahora vivo cerca de aquí. Hasta mañana entonces…

 

Anoche cuando salí de aquí me detuve frente a una ventana. Se escuchaba música adentro. Sí, créame, música de verdad. Alguien practicaba alguna pieza, me quedé escuchando bastante rato; era bella. Cuando me iba alejando la seguía escuchando aunque cada vez más débil. Sí, tiene razón, eso me calma. Yo siempre quise aprender a tocar un instrumento. ¿Cuál? El violín. Sí; es hermoso… Pero no vine a hablar de sueños. ¿Puede recordarme dónde me quedé ayer? Ahora recuerdo…

 

Caminé esa tarde por mucho rato hasta que, ya exhausta, tuve que sentarme en unas escaleras. En ese momento me invadió el tormento de aquellas palabras… Me puse de pie dispuesta a ir a buscarlos, para hablar con ellos, pero al levantarme sentí una mano en mi hombro; una mano ancha y fuerte. Sí; era aquél mismo que me había llamado y que no miraba hacía una semana y media. Me preguntó dónde me había metido. No le respondí. Me empujó obligándome a sentarme de nuevo y él se sentó a mi lado. Debí ponerme nerviosa porque me preguntó a qué le temía, me quedé un instante en silencio y después le dije que le temía a él y a sus compañeros. Le pareció extraño y quiso saber por qué. Al principio yo no quería decirle pero después de un rato tuve que hacerlo…

 

Si; Estoy bien. Perdone usted, sólo recordaba. Creo que él ya antes sospechaba que yo sabía algo. Un poco después llegaron sus compañeros y él los puso al tanto de todo lo que yo sabía y opinaba. Yo tenía miedo, sabe, (¿cómo no iba a tenerlo?). Nunca había sentido un miedo así, creo que presentí que esos monstruos terribles, que se reían a carcajadas frente a mí, y aquel que rodeaba mi espalda con su brazo me lastimarían. No. No estaba equivocada. Aquí tiene la prueba. Aún se ve mal ¿eh? Me duele más todo el daño que hicieron a los demás y que pude haber evitado. No es que yo misma me eche la culpa de todo. ¡Pero así es!

 

Perdone usted. Sí, por qué no; un vaso de agua por favor, sin hielo. Mi único consuelo es saber que no hay nadie como yo ahora; todos están o muertos o perdidos en el olvido; sólo a mí me ahogan abusivamente los recuerdos. No. No quiero tomar un descaso. Solamente me sentaré allá para poder acomodar mi pierna, si no le molesta, en ese banco.. Gracias. Así está mejor. Sólo intento encontrar las palabras precisas para sacar todo lo que se acumula rápida y desordenadamente en mi cabeza. Este delirio, aún fresco, me confunde un poco.

 

Siempre pensé que todo sufrimiento debía traer una bella consecuencia pero he llegado a la inflexible convicción de que estaba confundida. Tiene razón, quizá no todo sea así. Yo no sé. Sin embargo trato de no perder la esperanza. Sí; eso está bien. Mientras no la pierda… Yo también había notado que se me ve cansada; lo estoy realmente, no he podido dormir; me invaden voces sonoras e irreconocibles en las noches que me impiden hacerlo. Me quedo inmóvil durante largas horas mirando el techo, que a la vez me mira con esos sus ojos amenazadores.

 

Hace mucho tiempo me daban miedo las preguntas. Aunque suene extraño, una vez golpeé a alguien que me hizo más de tres preguntas seguidas. ¿Por qué? Tal vez porque temía encontrarles una respuesta… Ahora que el miedo se ha intensificado por otro lado siento que lo voy eliminando poco a poco, cada vez que le respondo cualquier cosa. Anoche descansé un poco más, no del todo pero un poco más que los días anteriores. Hay demasiados agujeros en mi alma, además que en mi pierna. No… No lloro; es que suelen brotar algunas lágrimas de mis ojos sin razón…

 

¡Oh! Acérquese, discúlpeme, déjeme llorar sobre su hombro; entre sus brazos… No; no más agua. Muy bien, vendré mañana. ¿En la tarde? Nos vemos. Me siento avergonzada, sabe, por haber llorado. Sí, está usted en lo correcto; estuvo mejor hacerlo, nunca lo había echo; no de esta forma. Gracias de nuevo. Adiós, hasta mañana…

 

Oh, sí, claro; esperaré aquí, está bien. Es posible que hoy termine así que no tengo prisa. No se imagina cuánto me ayudó llorar a gritos. ¿Se da cuenta que desaparecieron las ojeras de mi rostro? Sí, pude dormir perfectamente anoche, me acosté temprano y me dormí al instante. Hoy en la mañana salí como antes a intentar caminar. Me costó pero pude recorrer tres cuadras de ida y vuelta. Yo también me alegro, aunque no es para tanto…

 

Volvamos entonces a aquel día… Aquellos hombres se rieron frente a mí o más bien de mí por largo rato, me temblaban las manos. El que estaba sentado a mi lado se dio cuenta y puso sus manos sobre las mías. Yo volteé e intenté sonreírle. Luego, de golpe, se levantó… Después sólo recuerdo que desperté entre una ola de dolor y sangre y que no sentía la pierna; me ardía la cara y no veía nada más que el suelo… Perdone que me quede en silencio. No sé ni quién me llevó a casa, o lo que quedaba de ella. Dormí por mucho rato, días después supe que habían llevado a cabo su plan… Ahora, floto sin sentido alguno en medio de este agobiante espacio, que se ha convertido en un gigantesco absurdo.

 

Todas las noches y todos los días escuchaba las voces de la gente agredida… Sí. Tengo hambre. Creo que no he comido casi nada desde entonces. Aquí estoy bien. No importa…¿Escucha usted la música? Es la misma que escuché la otra noche. ¿Recuerda que le conté? Sí, esa es. ¿Qué? ¿No la escucha? Pero si es sonora; rebota por todas partes. Es bella; no le parece. Sí. Ponga atención.

 

Alguien toca a la puerta. ¿Quiere que vaya a abrir? O no, mejor vaya usted. Sí, abra. Siguen tocando allá afuera y gritan. ¿Qué es lo que dicen? ¿Mi nombre? ¡No, no estoy hablando sola! Creo que quien tocó no sabe que está usted aquí. ¡No estoy sola! ¿Por qué no va usted a abrir? Pensaron que yo estaba muerta como todos. ¡No lo estoy! ¿Verdad que no? ¡¿Ah?!… ¿Por qué no abre la puerta?

 

¡No! No se vaya. No he terminado mi relato. ¿Por qué se va usted? ¿Por qué adentro de ese espejo? ¡Ya le dije que no hablo sola! ¡Y por favor no toque la puerta de ese modo! ¡Váyase ya! Quien quiera que sea. Necesito terminar de contarle a este hombre lo que me ha ocurrido…

 

Ya no tocan. ¿Dónde está? ¿Qué no le dije que no había terminado? Salga de ese espejo. Que usted lo es todo, a pesar de no ser nada… ¡No, no hablo sola!

 

1998

*Imagen: Willy Jaeckel, 1928, Dame in Gel.

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