ESA GENTE. ESTUPIDOS PETIMETRES

Neblina azul; casi negra, o blanca, cubre las montañas pobladas de árboles y ya algunas casas.

La gente; pobre gente, camina maquinalmente a donde tiene que ir, aunque no le guste.

A pesar del frío tengo calor. Sudo a chorros y eso me desespera. No puedo quitarme la blusa, (¡¿Qué diría la gente ?¡) ¡Ja!…

Ah…La gente; pobre gente. Va y viene cada día. Lo mismo todos los días.

Y luego encontrarse con alguien y hablar; hablar por hablar; -“¿Ya viste a Fulana?, ¿Te vas a comprar ese auto último modelo?”. Y luego gastar por gastar. Pero no importa. Importa más tener una “buena” camisa que ayudar a los niños que están en la calle. Ellos no importan. Pobres niños…

“¡Que aretes más lindos! (¿Son caros?)”. “Y ¿Cuánto te costó ese perfume? -Tanto- ¡Qué rico huele!”. Y etcétera, etcétera, etcétera…

La gente. Limpia pero sucia gente. Caminando siempre estrecha entre teléfonos celulares, computadoras, zapatos Nike y mierda.

La gente. Siempre riendo hipócritamente; pobre gente.

Esa gente que va a los lugares por vestirse elegante y lucir sus vestidos (harapos resplandecientes), traídos de Miami, y contar que fue.

¡Ah! La gente… Rio de esa gente; pobre gente..

Y (¡encima!) tener problemas; -“¡Que horror!”, ”¡Ay pobre!!”, “¡No me digas, “chula”!”.

Y gastar en una nariz nueva y en una cintura estrecha (gastar por gastar).

Pero ni modo. Hay que verse bien ante la sociedad… Hay que hablar de arte con las “damas” que “pintan”. Con el dedillo bien levantado mientras toman el pincel y beben café…

Y reírse así… ¡Ah! La gente. Esa gente.

Ya todo empieza a despejase. Las casas detestablemente inmensas, empiezan a verse más cerca entre los árboles. Sus grandes jardines y sus florecitas y sus columpios de madera y la bicicleta del niño..

El autobús avanza. Sigo sudando. Se hace tarde… ¡Ya es tarde!. ¡Que vergüenza llegar tarde!. Y este lento autobús no llega…

Al frente miro a la gente.; rellenándose de hamburguesas grasientas para luego contar que estuvo comiendo langosta.

Y la gente que trabaja para esa gente. Cansada. Hastiada. Allá cientos de casas iguales; idénticas e inmensas también. Ahora sale el joven con sus cinco carros respectivos rodeándolo.

Y el autobús sigue…

Llego. ¡Al fin!. ¡Que asco el autobús!. ¡La próxima vez me vengo en mi carro último modelo!. Y bajo a encontrarme gente; pobre gente, para hablar. Hablar por hablar y reír maquinalmente de lo que digan aunque no les escuche o no les entienda. Empieza a darme frío…

Y luego ponerme el suéter y arreglarme el cabello y voltear a donde haya un espejo para verme y pintarme los labios haciendo ridículas muecas y ver que mi pantalón esté nítidamente limpio y mis zapatos altos y después frotarme las uñas sobre el suéter para que brillen.

Y empezar a gastar por gastar para seguir hablando por hablar, etcétera, etcétera, etcétera…(¡Uff!)

 

1997

*Imagen: Linda Vachon

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